Hay cosas que nos marcan de por vida.
Que nos definen como individuos: desde un evento trágico hasta un buen recuerdo;
una buena novela en el momento adecuado, esa música que tus padres te hicieron
escuchar cuando eras pequeño y que ahora te encanta en secreto: una comida, una
bebida, cualquier cosa puede marcar la vida de un individuo. En ese aspecto, un videojuego puede marcarte
de la misma manera: ya sea por su historia, por sus personajes, su música o
porque simplemente de pequeño nunca pudiste avanzar y el juego se te hacía demasiado
complicado. Pues bien, yo tengo un muy buen recuerdo de un juego en particular.
Uno que definió no sólo mi gusto por los videojuegos, sino también mi interés
en las obras con una narrativa y folclor tales que inspiraron mi atención e interés
por mucho tiempo.
En este caso, hablo de algo que
podría considerarse una “joya olvidada” de los videojuegos, una franquicia que
ha visto mejores tiempos. Me refiero a uno de los mejores videojuegos que
salieron durante la época del PlayStation: Legacy
of Kain – Soul Reaver.
Mis recuerdos de éste juego en
particular vienen de un momento en el tiempo que muchas personas podrían
considerar casi “antiguo”. Mi primer recuerdo de éste juego creado por Crystal
Dynamics en 1999 proviene de una cinta de VHS que un tío aficionado a los
videojuegos me regaló; en ella, venía grabado su playthrough del juego hasta más
o menos la mitad del mismo. En aquél entonces, mi inglés no era tan bueno y no
podía entender mucho de lo que hablaban los personajes, pero de igual manera,
recuerdo haber pasado horas sentado frente a mi televisor, mirando una y otra
vez el viaje de venganza de Raziel a través de la tierra de Nosgoth, en busca
de Kain, el antagonista (y también antihéroe) de la franquicia. Miré aquella
cinta hasta casi aprenderme los acertijos del juego: simples, en apariencia,
pero que demostraban un gran diseño de nivel en la mayoría de los casos, con
excepción de, quizás, el más grande problema del juego visto desde esta época:
los momentos en los que el juego te pedía saltar a través de plataformas demasiado
pequeñas, pidiéndole al jugador una precisión que ni los controles ni la rudimentaria
cámara podían ofrecer.
La historia del juego es la
siguiente: Nuestro protagonista es Raziel, el Segundo al Mando en el Imperio
Vampírico de Kain, un hombre que terminó convertido en Nosferatu durante los
eventos del primer juego, Blood Omen –
Legacy of Kain (¿comienzan a notar el patrón en los nombres de los
juegos?). Ha pasado un milenio desde aquél juego y ahora los lugartenientes de
Kain mandan sobre la región de Nosgoth, un mundo frío y solitario, lleno de
corredores largos y apenas iluminados, donde cualquier cosa puede estar
esperándote. Sin embargo, Raziel tiene la fortuna (o desgracia) de sobrepasar a
su maestro, adquiriendo un par de alas de murciélago. Kain, sintiéndose
amenazado por esto, no solamente le arranca las alas a Raziel de manera brutal
e inmisericorde, sino que lo condena a ser lanzado al Abismo: un remolino gigantesco
de agua donde pasaría el resto de la Eternidad en un sufrimiento y agonía sin
fin, pues, en este universo, los vampiros son débiles al agua, provocándoles un
efecto cáustico y corrosivo. Sin embargo, una Fuerza desconocida levanta a
Raziel de su sufrimiento eterno y le otorga una oportunidad: vengarse de Kain y
de sus hermanos traidores, convirtiéndose en el Soul Reaver (o Cegador de
Almas, en español).
Toda esta exposición viene de los
primeros minutos del juego, en uno de los intros más impresionantes de su
época, en la que los detalles están cuidados al máximo. Recuerdo haber visto
ese intro una y otra vez durante mi infancia, mirando a Raziel levantarse de
entre los muertos, admirando el empobrecido y raquítico estado en el que se
encuentra, cubriéndose su rostro sin quijada con la capa con el símbolo de su
clan. Desde ese momento, caí rendido ante cuan grande era este juego.
Recomiendo ampliamente que miren este intro en Youtube cuando tengan la
oportunidad; sin duda es una de las mejores escenas que se hayan hecho para la
época tardía del PlayStation, junto con los bellísimos visuales de Final Fantasy IX.
El juego, puestos a desmenuzarlo, es
un juego de aventuras que sigue el ritmo de otro clásico, The Legend of Zelda: avanzas de tramo en tramo del juego, superas
los obstáculos del nivel (o templo), te enfrentas con un jefe y al obtener una
habilidad nueva, progresas hacia otros niveles que antes no podías explorar,
así como regresar a niveles anteriores en busca de secretos gracias a tus
nuevas habilidades. Sin embargo, el elemento clave en el juego es la mecánica
de ambos planos. Al ser una criatura del Inframundo, Raziel tiene la habilidad
de moverse entre ambos planos, el Plano Espiritual y el Plano Físico, los
cuales son usados para resolver acertijos o alterar el nivel para continuar con
tu progreso; sin embargo, no es posible mover ningún objeto dentro del Plano
Espiritual, por lo cual quizás esta mecánica pueda volverse aburrida para
muchos. En lo personal nunca me molestó, pues el cambio visual es bastante
grande: el Plano Espiritual mantiene un color acuoso, lleno de verdes y azules,
para contrastar con el Plano Físico, en cual imperan los colores como el gris y
el café, aunado a ciertas tonalidades de negro. Este contraste realza otro
elemento de la historia: han pasado siglos desde la “muerte” de Raziel y ahora
Nosgoth se ha convertido en un yermo desolado, en el que los vampiros de los
clanes rondan por pasillos de edificios en ruinas buscando alimento. La
Humanidad casi ha desaparecido en su totalidad, y los seres humanos restantes
viven en una Fortaleza a salvo de todo peligro, mientras que lentamente el
mundo regido por Kain se ve sumido en cataclismos y en un decaimiento que
continua inexorablemente hasta su fin.
En muchas listas en Internet, he encontrado
a Soul Reaver como uno de los juegos
más difíciles en su momento, y debo mostrarme en desacuerdo, pues el juego es
bastante intuitivo: casi siempre te muestra con la cámara un objetivo principal
o al menos una serie de pequeños objetivos a seguir para continuar avanzando.
Ningún acertijo es imposible de descifrar si se le presta la debida atención y
el juego es relativamente corto, de por lo menos 6 a 8 horas, dependiendo de si
el jugador regresa a conseguir los secretos que mencioné, tales como mejoras de
vida, magias que en realidad son situacionales y la mejora al arma definitiva
del juego, la llamada Soul Reaver. Otra mecánica muy interesante del juego es
la manera en la que maneja la restauración de salud, pues, como sabemos, Raziel
era un vampiro en su otra vida. Sin embargo, ahora su necesidad se sangre se ha
convertido en un ansia por devorar almas: cada enemigo que sea derrotado soltará
su alma, la cual puede ser ingerida para recuperar algo de salud. Al ser los oponentes
vampiros, el juego se ve repleto de cuartos en los que existen formas de
derrotarlos, ya sea con las armas de mano, como picas que se utilizan para empalar
a los enemigos, así como fuego, agua y luz solar. Nunca hay un momento en el
que el juego te deje sin una manera de eliminar a las amenazas y, de ser
necesario, el jugador puede volver en cualquier momento al Plano Espiritual con
un botón, lo cual le permite regenerar salud o encontrar almas más fácilmente.
El sistema de combate es bastante
básico, pero es realmente efectivo: Raziel puede pelear con sus garras, pero no
puede acabar con los enemigos a menos que tenga un arma o algún otro elemento como
fuego, luz o agua. El sistema de combate tanto a mano limpia como con armas es
un simple combo de tres golpes (que se reduce a dos si se pelea usando la Soul
Reaver), el cual casi siempre deja vulnerable al jugador luego del tercer
golpe, por lo que la mayoría del tiempo pasarás el juego con la barra de vida
lejos de estar completa, ya que los enemigos golpean rápido y reducen bastante
vida, especialmente los enemigos del final del juego. Sin embargo, el hecho de
que puedas recuperar salud literalmente en cualquier punto del juego hace un
buen balance al respecto, sin mencionar que obtener un Game Over en el juego es
casi imposible a menos que realmente seas muy malo con el combate. Al “morir”
en el Plano Físico, eres devuelto al Plano Espiritual, en el cual puedes recuperar
salud con suma facilidad. Sin embargo, morir en dicho Plano hace que termine la
partida, por lo que recomiendo guardar el juego paulatinamente, lo cual también
puede hacerse en cualquier punto del juego.
Otro elemento muy digno de mención son
los jefes: cada jefe en el juego tiene una estrategia diferente y muy creativa,
especialmente considerando que cada uno de ellos es una versión corrupta y monstruosa
de los hermanos de Raziel, cada uno con habilidades diferentes y, al igual que
su hermano, un habla impecable. No es broma: todos los personajes del juego
tienen un nivel de inglés envidiable que se da a notar durante las escenas en
las que interactúan. Un habla fluida y demasiado bonita en su ejecución. Es
algo quizás un poco raro, pero disfruto mucho de los monólogos de Raziel o
cuando decide explicar al jugador el contexto del lugar al que está visitando,
así como sus interacciones con el Dios Antiguo que funciona como guía en el
juego o con sus hermanos, incluso los momentos de charla con Kain, sin
mencionar el excelente trabajo de doblaje de los actores en inglés (he tenido
la posibilidad de jugar este juego alguna vez en Castellano y, aunque el doblaje
no es malo, suena mucho mejor en el idioma original).
Legacy of Kain – Soul Reaver es un juego que aún hoy, en 2018, merece ser explorado al
menos una vez. Para esta época quizás se sienta muy arcaico en sus controles y
especialmente la cámara, pero después de acostumbrarse a estos pequeños detalles,
te encuentras con un juego exquisito, tremendamente ambicioso para su época, pues
no solamente hay contenido que tuvo que ser removido por constricciones de espacio,
sino que el juego es apenas la primera parte de la historia, una que no
continuaría hasta la llegada del PlayStation 2, con Legacy of Kain – Soul Reaver 2. Las historias de los personajes y
del mundo de Nosgoth en general son muy interesantes, la ambientación es
excelente (desde unas catacumbas hasta una abadía inundada, pasando por una
ciudadela entre las nieves) y la historia te atrapa desde el momento en el que
vemos a Kain en su trono, rodeado de los líderes de sus clanes vampíricos. Si
son fans del primer PlayStation o de los juegos de aventuras al estilo de Zelda, no se arrepentirán de darle una oportunidad
al juego y, al igual que muchos de sus fans, esperar el momento en el que
Raziel y Kain vuelvan de sus descansos para continuar su eterno combate.






No hay comentarios:
Publicar un comentario