Fatal Frame, desde sus
inicios, ha sido una franquicia que no
ha sido muy aceptada en Occidente, comparándola con otras franquicias del
género, como Resident Evil o Silent Hill. Quizás se deba a que su temática y
terror son demasiado “japoneses” o que el mercado para este tipo de títulos
había llegado a su punto más alto con entregas como Silent Hill 3 y Resident
Evil 4, pero eso no detuvo a los desarrolladores para crear (hasta el momento)
5 títulos que han recibido una aceptación decente de parte de los fans del
terror.
Fatal Frame 3 – The Tormented es el último título de la trilogía original
que comenzó durante la sexta generación de consolas, pasando por el PlayStation
2 y la Xbox clásica. En este caso, el último título salió de manera exclusiva
para la consola de Sony y cierra de forma definitiva un arco que persiste
durante los tres primeros títulos. De
los cinco títulos, se considera el segundo (Fatal
Frame 2 – Crimson Butterfly) como el título definitivo de esta curiosa
mezcla de survival horror con elementos de un FPS (o First Person Shooter), así
que revisemos cómo se mantiene este título con los anteriores en la saga. Como
nota adicional, debo decir que no he jugado el original Fatal Frame, aunque sé
algunos detalles sobre el mismo, y esta reseña se centrará en comparar el
título anterior a éste. Pues bien, comencemos.
La historia del juego comienza de
manera muy sencilla. Nuestra protagonista, Rei Kurosawa, es la superviviente de
un choque automovilístico que tomó la vida de su pareja, Yuu. Tiempo después,
vemos a la joven en su casa, acompañada de su asistente, una chica llamada
Miku, la cual perdió a su hermano durante los eventos del primer juego. Algo
interesante de notar es la manera en la que te presentan a la joven fotógrafa:
el diálogo al revisar sus objetos personales denota lo triste, sola y deprimida
que se siente tras haber perdido a su novio, aún con el constante apoyo de su
asistente y ahora compañera de hogar, Miku. La casa donde viven es un sitio de
tonos grises, en donde puede verse que algo se ha perdido y eso le da muy buena
caracterización a ambos personajes, pues también Miku lamenta la pérdida de su
hermano, algo que vamos viendo durante el transcurso del juego.
El punto central del juego ocurre
en un mundo onírico conocido como “La Mansión del Sueño”: una mansión japonesa
abandonada en donde los fantasmas recorren los pasillos, lamentando sus
pérdidas o atacando a los vivos. Nuestro único método de defensa consiste en la
“Camera Obscura”, una cámara alterada para poder ver a los espíritus y
defenderse de sus ataques. La perspectiva al usarla es la de un FPS, en la que
debes tomar fotos para debilitar o vencer a tus enemigos. El uso de una cámara
fotográfica como método de ataque y defensa es la mayor característica de estos
juegos, en el que tomar fotos a los enemigos te proporciona puntos, los cuales
puedes usar para mejorar ciertas habilidades de la cámara, como el alcance o el
daño que provoca cada foto. También, desperdigados por la mansión, se
encuentran ciertos lentes que dan habilidades extra a la cámara, como alentar a
los enemigos, hacer que la siguiente foto haga daño doble o atontar a los
enemigos con destellos de luz. Una Camera Obscura con suficientes mejoras es un
arma increíble y muy versátil para acabar con los fantasmas, pues dependiendo
de tu estilo puedes acabar con los enemigos hasta en dos golpes, lo cual es muy
útil, especialmente en esos momentos en los que más de un enemigo te embosca y
debes vencerlos para avanzar.
La mansión consiste en cuartos tanto pequeños
como grandes que se van conectando entre sí conforme avanza la historia, pues
algunos cuartos no pueden accederse hasta que ciertos eventos en el juego
ocurran, así como encontrar llaves y objetos para abrir las puertas. Sin
embargo, la mansión se llega a sentir pequeña, pues en poco tiempo, comienzas a
regresar una y otra vez a los mismos cuartos. Aquí es donde comienzan las
diferencias con su predecesor: aunque Fatal Frame 2 también recurre al volver a
lugares anteriores, la diferencia radica en que en el segundo juego, tienes una
aldea entera para explorar, en la que puedes acceder a casas grandes y
pequeñas. Admitiré que, en cuanto comencé a
ver la disposición de ciertos cuartos, comenzaron a hacérseme familiares, hasta
que revisé el mapa y vi donde me encontraba: en la Aldea Perdida del segundo
juego. Poco después, me encontraba explorando la Mansión Himuro del primer
juego.
Si hubiera una forma de resumir
la historia de la tercera entrega de la franquicia, sería diciendo que el
tercer título es un “Greatest Hits” de las entregas anteriores. Los fans no
dejaron pasar el fanservice que el juego da al mostrar los lugares de los
juegos anteriores sin una verdadera razón en particular: simplemente están ahí,
como parte de la Mansión del Sueño.
La idea de un lugar onírico donde
cosas horribles ocurren y las personas que van allá mueren, es una idea
interesante, pues conforme avanza el juego, se va acortando la línea entre el
sueño y la realidad… y sería una idea más interesante, de no ser porque Silent Hill 4 ya lo había hecho 4 años
antes. La idea es demasiado similar para que sea una coincidencia: un personaje
que no puede abandonar su hogar entra a un mundo onírico en el que la muerte es
tan real allá como aquí y en el que va desentrañando el misterio mientras se
mueve en ambos planos. Uno de los mayores problemas del juego radica
precisamente en eso: el juego, a veces, carece de identidad propia. A
comparación de la historia de las gemelas y la Aldea Perdida del segundo juego,
la historia de la Sacerdotisa Tatuada, aunque deprimente cuando conoces los
detalles, no tiene ese elemento de desesperación del segundo, en el que las
hermanas se encuentran atrapadas contra su voluntad en una aldea olvidada y
diabólica.
Otro elemento digno de mención es
que, en este juego, utilizas a tres personajes, cada uno con su propia cámara
para mejorar. Cada uno de ellos tiene una habilidad diferente que influye en su
estilo (por ejemplo, mientras que Rei tiene habilidades que tienden a un estilo
más regular, Miku tiene el equivalente a una escopeta en su cámara, con alcance
corto, pero daño increíble). El problema radica en que, aunque cada uno de los
tres personajes aporta algo diferente a la historia en general, el hecho de
“perder” las habilidades que has estado acumulando durante la mayor parte del
juego hace que la dificultad suba y baje a momentos, especialmente con el
tercer personaje utilizable: Kei Amakura. Dejando de lado que su parte en la
historia comienza sin tener una cámara, está programado para que los fantasmas
más fuertes se le aparezcan cuando no tiene un método seguro de defensa, fuera
de esconderse en ciertos lugares y esperar a que el peligro se vaya.
Si se preguntan si el juego da
miedo…bueno, sí, sí da miedo. Aunque hay momentos que me hicieron saltar de la
sorpresa (como cierto fantasma debajo de la casa), hay otros momentos que son
construidos más acorde al estilo japonés del terror, en el que no existe el
famoso “stinger” del jumpscare, sino que dejan en silencio el momento para que
atrape mejor el interés del jugador y lo deje en un estado de paranoia y
sorpresa. No mentiré: hubo momentos en los que de verdad me asusté ante lo que
estaba ocurriendo en pantalla. Pero, como todo juego de terror, el miedo se va
diluyendo conforme más vas jugando, y aquí radica el que posiblemente sea el
problema más grande de Fatal Frame 3:
es demasiado largo. Conforme avanzas en el juego, además de que el miedo
disminuye, el juego comienza a pedirte que consigas cierta cantidad de objetos
para luego conseguir otra cierta cantidad de objetos, cada uno en partes
diferentes de la casa. Esto es “paja” en el más puro sentido de la palabra,
pues alarga la experiencia cuando realmente no lo necesita. Si bien hay juegos
de terror que mantienen la experiencia a pesar de lo largos que pueden ser,
como Silent Hill 3, Fatal Frame 3
falla en este aspecto, pues el juego comienza a volverse tedioso, sin mencionar
que las peleas con los fantasmas se vuelven más aburridas, debido a que en
ciertos momentos, el juego de obliga a enfrentarte con los mismos fantasmas
hasta tres veces sin que haya mucha diferencia en las batallas, salvo que los
fantasmas se vuelven más difícil de encontrar y hace que la batalla sea aún más
lenta.
La ambientación del juego, debo
decir, es excelente. Al igual que en el anterior, cada habitación o espacio
abierto es espeluznante y los ruidos a la distancia (a veces hasta la voz de
una niña cantando una lúgubre tonada) hacen que el juego sea perfecto para
jugar con las luces apagadas y el volumen alto, permitiendo una gran inmersión,
aunado a los espacios cerrados de la mansión, en los que nunca sabes qué te
estará esperando del otro lado del pasillo. En este aspecto, el ambiente
claustrofóbico ayuda mucho a la historia, en la que durante un buen tramo del
mismo, te persigue un fantasma invencible; esto contrasta con la cantidad de
espacios abiertos del segundo juego, en el que la ambientación de un pueblo
abandonado hace que entrar a una casa sea tanto más tranquilo como aterrador.
Fatal Frame 3 – The Tormented es un buen juego. Cierra la trilogía
de PS2 de una buena manera, atando todos los cabos sueltos de los dos juegos y
dando una buena cantidad de fanservice a los adeptos a la franquicia, pero a
costa de tener un juego que a ratos se siente inconexo, pues no sabe si quiere
tener la estructura del primero y al mismo tiempo unir la historia del segundo
juego, mezclándola con una historia (y jefe) algo débil, en mi opinión. El
segundo juego hace un mejor trabajo en crear una historia en la que te
interesas por los personajes y el predicamento por el que están pasando,
mientras que aquí, el aspecto típico del terror japonés (la “fase de
investigación de la leyenda urbana”) toma prioridad sobre el terror. De ser
posible, recomiendo jugarlo si es que son fans de las primeras entregas, pero
para una mejor experiencia del terror japonés convertido en videojuego,
recomiendo mucho más Crimson Butterfly,
pues pienso que hace un mejor trabajo en todos los aspectos. Realmente no
sabemos si la franquicia continuará luego de las pocas ventas de la quinta
entrega en Wii U, pero Fatal Frame es
una de esas franquicias que se dan una vez en la vida: un conjunto de elementos
que no deberían funcionar, pero están tan bien arreglados que logran lo
imposible y crean una experiencia de terror como ninguna otra.








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