En el verano de 2009, mi familia paterna nos ofreció un
trato a mi hermano y a mí. Nuestros cumpleaños estaban aún muy lejos, pero la
tentación era demasiado grande y no dejábamos de preguntar, así que mi abuela
paterna nos preguntó: “¿Quieren dinero o el 360?”. Pasados unos minutos de
deliberación entre mi hermano y yo, decidimos elegir la consola. Cuando
volvimos a casa y sacamos la caja de la consola, nos detuvimos apenas un
momento en revisarla: Era un Xbox 360 Elite, Edición Limitada de Resident Evil 5. La carcaza y el control
rojos inmediatamente nos cautivaron mientras conectábamos con emoción los
cables y el eliminador; entonces encendimos la consola, creamos un perfil y nos
sentamos a jugar el primer capítulo del juego. Así comenzó mi experiencia con
Xbox 360.
Los primeros títulos que compré para la consola eran, en su
mayoría, shooters: Halo 3 (el cual me
moría de ganas por jugar, pues había adorado Halo 2), Gears of War 1 y
2 y Devil May Cry 4.Por supuesto,
todos estos juegos eran copias piratas, pues nos habían entregado la consola
con “chip” y planeábamos usarla al máximo, ya que las copias, aunque en ese
entonces eran caras (de 30 a 50 pesos el disco), eran más baratas que sus
contrapartes originales y su calidad era buena. Con el tiempo, los discos
genéricos pasaron a ser copias de 50 pesos grabadas en discos Verbatim, los
cuales nunca fallan (y ni han fallado: mi copia de Bayonetta aún funciona perfectamente); gracias a esto, logramos ser
expuestos a toda una nueva generación de videojuegos. Títulos como Dead Space, Shadows of the Damned y Dante’s
Inferno se convirtieron en franquicias favoritas; mi hermano pasaba hasta
doce horas jugando sin parar Fable 2 y
posteriormente Fable 3. Por supuesto,
no todo fue miel sobre hojuelas; me decepcioné de títulos como Enchanted Arms y Silent Hill Homecoming; toda mi colección de juegos piratas se
perdió con el cambio de 2.0 a 3.0 y muchos juegos se volvieron completamente
injugables. La falta de un segundo control hizo que nuestra experiencia fuera
limitada por un largo tiempo, aunque no evitó que nos turnáramos para jugar
nuestras respectivas sesiones.
Durante mucho tiempo, viví con el pánico de un día encender
la consola y encontrarme con el “Anillo de la Muerte” que tanto aquejaba a los
primeros tirajes; incluso llegamos a establecer un sistema de jugar dos horas y
dejar descansar la consola otras dos horas. Sin embargo, progresábamos en
nuestros juegos favoritos y aprovechábamos cada segundo que tuvimos. Tiempo
después conocí Rockband y me aficioné
a él: la habilidad de tocar solos difíciles con cinco botones de una guitarra
de plástico y poder cantar en voz alta las canciones de tus artistas favoritos
le hizo maravillas a mi autoestima.
El sistema de logros me dio muchas horas para conocer y
volverme experto en una multitud de juegos. Cada logro que ganaba me hacía
sentir inspirado a jugar más y más hasta obtenerlos todos. Completé Batman Arkham Asylum y Batman Arkham City al 100% sólo para
tener los logros, al igual que con el primer Dead Space. Cuando puse por primera vez Skyrim y vi los primeros minutos, quedé asombrado e impactado y no
dejaba de jugar, maravillado por lo hermoso y gigantesco de ese mundo; pasaba
horas explorando cada rincón de las ciudades de Tierra Santa en Assassin’s Creed y me horrorizaba al ver
a los Big Daddies en Bioshock.
Han pasado siete años desde la primera vez que puse mis
manos en el control de mi Xbox 360 y aún lo juego hasta este día. Pero hoy es
un día importante, pues la consola ha sido descontinuada después de diez largos
años de producción, consolas reconstruidas y un mercado saturado de piratería
en México, la cual cada vez ha disminuido su calidad en aras de una producción
en masa. Podemos hablar sobre que ahora quedarán esas consolas usadas o el poco
stock de consolas nuevas para comprar; sobre el inevitable fin de los servicios
en línea, así como alguna vez ocurrió con la primer Xbox o sobre que la consola
tuvo un largo y productivo período de vida, pero en lugar de eso, simplemente
voy a sentarme y jugar mis juegos favoritos, pues ésa es la mejor forma de
honrar al legado que dejó la que en algún momento fue la consola más popular y
grande de su generación. Hasta siempre, Xbox 360.
Mi Xbox 360; aún funcionando después de siete años de intensas sesiones de juego.


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