viernes, 8 de enero de 2016

Editorial - Tres Días en Morrowind

Como muchas otras personas, conocí la franquicia The Elder Scrolls a través de la quinta entrega: Skyrim. Pasé muchas horas deambulando por el bellísimo mundo nórdico del juego, entrando en pueblos, saqueando, vendiendo y siguiendo ligeramente la historia principal... tal como se debe jugar un juego de mundo abierto de Bethesda. Gracias al juego, aprendí a jugar usando builds, temas para mis personajes y eligiendo de la amplia gama de habilidades por aprender; el soundtrack se convirtió en uno de mis favoritos de todos los tiempos y de vez en cuando lo escucho completo sólo para sentir lo inmenso que es el mundo de Skyrim.


Entonces ¿por qué ahora pienso que Morrowind es un mejor juego que Skyrim?



Hasta antes de Skyrim, mi conocimiento de la franquicia era nulo. No tenía idea sobre Arena o Daggerfall, había visto Morrowind a la venta muchas veces en puestos de videojuegos retro y no sabía nada sobre Oblivion. Teniendo Skyrim, no tenía mucho sentido regresar a una entrega anterior, considerando lo superior que era la última, pero ahora que me he tomado mi tiempo para conocer Morrowind a fondo, considero seriamente que es un mejor juego que Skyrim. Y me propongo explicarles el porqué.



DIA 1



Bien dicen que la primera impresión lo es todo; Morrowind no me dio una buena primera impresión cuando por fin me decidí a jugarlo. Conocí sobre el juego después de ver una comparación entre la historia principal de Skyrim y Morrowind en Youtube y la complejidad de la trama en este último me llamó mucho la atención, así que descargué el juego en cuanto pude. Creyendo que funcionaba de la misma manera que la quinta entrega, salí del tutorial (y del pueblo), caminé al primer dungeon que encontré en el camino, entré y en cinco segundos estaba muerto. Cuando volví a intentarlo, noté que no le estaba haciendo daño alguno a mi enemigo aun cuando estaba apuntando el cursor (espada) directamente a mi oponente y morí en segundos. Me frustré, apagué el juego y lo desinstalé de mi computadora.





DIA 2



Cuando me calmé, investigué el por qué no hacía daño con mi arma, con ninguna en realidad. El sistema de habilidades se me dificultaba y no tenía ni idea de cómo subir de nivel, aun investigando en la wiki. Sin embargo, había algo en el juego que me llamaba muchísimo la atención, aunque no supe explicar el motivo. Con ayuda de la wiki (y un poco de charlar con prácticamente todos en los dos primeros pueblos, Balmora y Seyda Neen) descubrí cómo usar el Silt Strider (el equivalente a un autobús) y pasar por las campiñas sin enfrentarme a nada. Proseguí levemente la historia principal y me anexé al gremio de los Luchadores (ya con un nuevo personaje; mi primer personaje, un Khajit Asesino, no duraba nada), para el que hice algunas misiones. Aprendí a usar las pociones, subí uno o dos niveles... y lo dejé. No sabía qué hacer. No tenía idea de cómo usar hechizos y me frustraba cada vez que intentaba hacer uno y fallaba. Aún no podía superar el fallar cada uno de mis ataques y aunque busqué ayuda en mods para mejorar la precisión de los golpes, no encontré ningún mod que me ayudase. Terminé dejando el juego una segunda vez. Por alguna razón, Morrowind y yo no compaginábamos.







DIA 3



Un video en Youtube captó mi atención. El video explicaba por qué aún era relevante jugar Morrowind en 2014 (el año en que el video fue publicado). La explicación me dejó completamente anonadado. ¿De verdad había pasado tantas cosas de largo sólo por mi primera y terrible mala experiencia? Entonces, ya liberado de otros RPGs que jugaba en ese momento como The Witcher 2 y Jade Empire, decidí darle una oportunidad más.

Con todo lo que sabía y había experimentado antes, el inicio fue un poco mejor. Iba progresando rápido; en meras horas hacía lo que al principio me tomó días. Leía constantemente el Diario (donde se guardan todas las cosas de interés, como quests) para no perderme, aprendí a usar mejor el mapa para guiarme, iba recolectando y vendiendo todo lo que no necesitara para tener dinero y explorar las ciudades usando el "autobús" para moverme rápido y sin peligros. Hablé con los NPCs y empecé a prestar atención a sus diálogos, pues tenían cosas de interés para la historia en general y para aprender más sobre el lore del propio juego. Pronto, empecé a intentar hacer mis primeros hechizos, pero no funcionaban. Aumenté mis niveles en habilidades mágicas para entrar al Gremio de Magos y conseguir beneficios, mejores armas y armaduras; incluso supe cómo saltar para aumentar mis niveles rápido y subir mi nivel general más rápido.

El punto álgido de todo esto fue cuando, mientras exploraba una tumba ancestral para encontrar un objeto, golpeé a un esqueleto dos veces. Cuando lo vencí, puse pausa al juego y me detuve. Por primera vez desde que había vuelto a empezar el juego, sentí un verdadero progreso en mi personaje. Y esa es la palabra clave de todo este artículo: progreso.





En ese momento, empecé a detenerme más, mirándolo todo a mi alrededor: el paisaje del juego es tan ajeno a lo normal que es intrigante y a la vez fantástico, lejos del digamos "genérico" tema nórdico de Skyrim. Quería aprender más del mundo, de sus dioses y de la forma de vida de los NPCs, ¡y todo estaba en esos diálogos que al principio evitaba! Entré a cada casa a hablar con todos los NPCs sobre todos los temas; incluso tomé papel y pluma y empecé a escribir puntos y nombres de interés para referencias rápidas, algo que ningún otro RPG me había hecho hacer nunca.

Cuando por fin me sentí listo, salí a explorar el mundo a campo traviesa. El trueno que suena cuando llueve me asustó un par de veces, pero hacía que el viaje se sintiera más realista. Las noches estrelladas me parecieron hermosas y los paisajes con niebla me ponían en alerta ante cualquier enemigo, edificio o tumba que aparecieran en el camino, aunado al bellísimo soundtrack, en el que cada tema va donde debe ir. Pronto mi personaje se volvió más rápido; no sólo su stamina aumentó, sino que iba más rápido que al principio y de pronto me sentí veloz, yo me sentí veloz a través de los ojos de mi personaje.





Todos estos detalles y más han hecho que mi experiencia en Morrowind sea superior a cualquier cosa que Skyrim me haya hecho sentir. Visualmente no ha envejecido bien, es verdad; los controles a veces son algo estáticos y me he encontrado con algunos bugs ocasionales, pero no ha disminuido en lo absoluto mi sorpresa ante un juego como éste. Nunca creí que un juego como Morrowind pudiera absorber mi imaginación tanto como lo ha hecho, al grado de que no puedo parar de jugarlo; ni siquiera quiero parar de jugarlo y he pasado horas explorando, probando nuevas armas y hechizos, descubriendo un poquito más del folclor del mundo del que mi personaje es parte. Y todo esto ocurrió porque, una vez, golpeé a un esqueleto dos veces seguidas.





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